Lentejas con manzana, una buena idea que no sé dónde he leído

Con las lentejas me ha pasado algo gracioso: de pequeña, no podía con ellas, era incapaz de tragar una cucharada, y estuve años sin tocarlas. Una aversión que incluía otras legumbres como las “mongetes del ganxet” o los garbanzos. Más tarde, empecé con los garbanzos, luego con las judías blancas, y finalmente, un día pedí un plato de lentejas en un restaurante de menú cuando estudiaba. Y va y me gustan.

Luego empecé a comprarlas habitualmente en casa, ya cocidas o de bote, y a comerlas guisadas o en ensalada. También hice mis pinitos para cocer las legumbres en casa, pero no salieron realmente en su punto de cocción hasta que hace unos pocos años me compré una olla a presión, que cosa rara no tenía. Y nos aficionamos a la olla de legumbres cocidas, sin carne ni jamón, sólo cocidas con agua, y recién hechas con el chorrito de aceite de La Selva de Mar están de muerte.

Pero aquí no acaba la cosa: todavía mejores el día en que las probé al vapor, hechas en mi flamante horno de vapor. Salen perfectas: en su punto de cocción, nada deshechas, nada de piel, impresionantes. Ahora sé que me gustan las pardinas y las Dupuy (compradas en el Veritas, negras y super pequeñas, una monada), que ni siquiera pongo en remojo. Las medidas son: el doble de agua que de lentejas y al horno de vapor en bandeja sin agujeros. Atención: no hay que hacer caso de los tiempos que da el programa “lentejas”, debido a que está calculado para lentejas normales (las grandes, verdecitas) puestas a remojo durante 6-8 horas. Por ejemplo, dos tazas de lentejas pardinas sin remojar tardan una hora más o menos Y creo que el programa da 40 minutos (¿o bien no me he fijado en las cantidades?). Pero por si acaso, cuando pita, las pruebo, y si no están, las pongo otros 10 minutos. Dice Coral que estos hornos pitan demasiado. Tiene un punto de razón, pitan por todo.

Bueno, mientas se hacían las lentejas, puse unos ajitos y una cebolla a sofreír lentamente. Luego le eché una manzana fuji de Girona picada y bien de cúrcuma, que le da color, olor y sabor. Cuando el sofrito está hecho, o sea, todo blandito y transparente, sin que se tueste, le puse EL CACITO. El cacito es una especie de pastilla de caldo, que por lo visto tiene menos sal y menos grasa que una pastilla y sabe como un caldito de verduras (o de pollo si el cacito es de pollo, claro). Tiene una textura como gelatinosa, que se derrite en unos pocos minutos, tal como lo veo, el cacito en cuestión, que nunca había comprado, es parte del éxito.

Luego, las lentejitas, par de vueltas y a mantener caliente con la posición L de la mega encimera de inducción que pusimos en la nueva cocina. Le añadí un poco de sal y me lo podría haber ahorrado para mi gusto, aunque a la Sara le parecieron espectaculares y diría que casi que nos supieron a poco. Qué ricas. Con manzana, humm. ¿Dónde leería yo esta receta? Porque a mí solita no se me ha ocurrido. Apale, a disfrutar.

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Quant a cocinandoconmami

Un blog per recordar alguns plats que han sortit espectaculars i després no recordo ni com ho he fet ni on ho he llegit ...
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